El índice de valores más desarrollado del mundo, el S&P 500, proporciona en períodos largos de tiempo una alta rentabilidad anual (en torno al 9,5%) con un riesgo o volatilidad más bajo que el que ofrecen otros índices. Por este motivo, en ocasiones podemos dejar de lado las “estrategias exóticas de inversión” siempre y cuando se tenga la oportunidad de apoyarse en la “inversión pasiva”. Es decir, invertir en aquellos productos que replican un índice. Un ejemplo son los llamados ETFs (Exchange Traded Funds) también conocidos como trackers.
¿Qué es un ETFs?
Los ETFs son productos financieros formados por una cesta de acciones que replican un índice ya sea americano, europeo o emergente. Además, cuentan con la ventaja de autogestionarse, por lo que no presentan comisiones de gestión.
Los ETFs replican de forma idéntica los componentes de un índice con sus ponderaciones de forma que cuando una empresa abandona el índice por la razón que sea, abandona también de forma inmediata el ETF y es sustituida por la compañía que entra en el índice.
Estos productos financieros cotizan en bolsa y se pueden comprar y vender con la misma facilidad y rapidez que las acciones. También, su tratamiento fiscal es el mismo que el de los títulos ya que no puede traspasarse la inversión de un ETF a otro sin tributar por la plusvalía.
Para realizar una buena inversión, debemos fijarnos en los ETF que repliquen verdaderamente la evolución del índice. Estos ETF suelen ser, además de los más populares, los que tienen un amplio volumen de negociación. A continuación se exponen varios ejemplos:
- ETF sobre el Nasdaq 100 – QQQQ: es el ETF más popular y replica el Nasdaq 100.
- ETF sobre el S&P 500 – IVV: replica el índice S&P 500 y su volumen es tan importante o incluso superior al anterior (QQQQ).
- ETF sobre el índice Russell –IWV: replica el índice Russell 3000, índice mucho más amplio que el S&P 500.
Sin embargo, el inversor debe tener en cuenta que no es aconsejable invertir en aquellos ETFs que no repliquen claramente el índice al que se refieran. Suelen ser los que cuentan con un volumen de negociación escaso. Es muy recopmendable echar una vistazo a la evolución pasada de estos ETFs antes de decidir si comprarlos o no.
A pesar de la autogestión de los ETFs, muchos gestores creen que la gestión activa en los fondos de inversión puede avivar las ganancias de sus carteras. Una buena gestión activa es aquella que desliga la evolución del fondo de su índice de referencia, mejorándola en todo caso. En estos fondos de inversión el gestor cobra una comisión de gestión. Comisión que nos ahorraríamos si invirtiésemos en ETFs.
Una propuesta para medir si el gestor del fondo lo está haciendo bien o mal es aplicar la fórmula del ratio alfa,
Ratio alfa = rentabilidad del fondo – rentabilidad del mercado *Beta del fondo vs beta del mercado
En un ejemplo en que la rentabilidad del fondo sea del 26%, la rentabilidad del mercado, del 28% y beta (correlación) del fondo respecto al mercado, del 0,9% tendremos:
Ratio alfa = 26%-28%* 0,9 =26%-25,2%=0,8
El gestor del fondo trata de tener una correlación con el mercado (beta) menor a uno (0,9), lo que significa que si el mercado sube, el fondo sube menos, pero si el mercado baja, el fondo bajará menos. Lo que hace el gestor en este ejemplo es minimizar el riesgo.
Cuando el ratio alfa que calculemos nos salga negativo, llegaremos a la conclusión de que nuestro gestor no ha aportado el suficiente valor a los fondos de inversión. Con este equipo gestor, el inversor no está sacando la mayor rentabilidad de su fondo y, en este caso, le saldría mejor invertir en ETFs, productos que se autogestionan solos, para ahorrarse la comisión de gestión de su fondo de inversión.








