sep 10

La discusión ayuda al crecimiento. Sin embargo, mal gestionada puede derivar en conflicto. ¿Cómo podemos discrepar sin enfrentarnos?

"Si en una reunión estaís los diez de acuerdo en todo, probablemente sobran nueve" (James Hunter)

En muchos grupos y en muchas relaciones la discrepancia no solo no es bienvenida, sino que es temida. Se vive como un factor potencial desestabilizador del grupo o de la relación, y se evita siempre que se puede.Sin embargo, la discrepacia en un grupo o una relación no solo no es peligrosa o dañina sino que es de gran ayuda y debería ser siempre deseable.

Sólo a través de la discrepancia las personas somos capaces de cuestionarnos las cosas, explorar nuevos caminos y buscar soluciones a viejos problemas. La discrepancia ayuda a los grupos a que crezcan intelectualmente y desarrollen su inteligencia colectiva, una inteligencia que poco tiene que ver con el coeficiente intelectual individual de los miembros del grupo, y mucho tiene que ver con los intercambios comunicativos entre sus miembros.

Ni en el contexto de un grupo, ni en el de ninugna relación deberíamos aspirar al acuerdo permanente, porque ello significaría renunciar automáticamente al crecimiento que nos aportan las diferentes maneras de afrontar una decisión o un problema.

Y la discrepancia es positiva, ¿por qué tantas veces la tenemos o la evitamos? Probablemente se debe a que demasiadas veces, lo que empezó como una legítima discrepancia acaba en una violenta discusión si saber muy bien por qué. Lo que en realidad tenemos no es la discrepancia, es el conflicto.

"En toda discusión no es una tesis lo que se defiende, sino a uno mismo" (Paul Valéry)

Caemos en la discusión no porque estemos en desacuerdo sobre algo, sino porque reaccionamos emocionalmente a lo que otro ha dicho. La explicación al hecho de convertir una conversación en discusión la encontramos en el cómo decimos las cosas, mas que en el qué decimos.

Podemos estar en desacuerdo sobre un tema, y podemos discrepar abiertamente sobre él sin que entremos en conflicto, pero para que esto suceda, hay una delgada línea roja que no debemos cruzar, y que es el juicio personal. En el momento en que la otra persona se sienta juzgada, y por extensión atacada, el conflicto está servido.

Muchas veces traspasamos esta línea roja de forma inconsciente. Pero la cruzamos. Imaginemos que alguien nos presenta una propuesta y no nos gusta. Es muy distinto decir algo "la idea no me acaba de llegar" a soltar "se nota que no te la has currado". En el primer caso hablo de mi y de la impresión que me ha causado la propuesta, mientras que en el segundo caso juzgo al otro, sin ni siquiera saber si mi juicio es cierto, con un riesgo de que se sienta atacado, y lo mismo ocurre en el terreno personal de las relaciones.

Si alguien me levanta la voz será distinto decirle "la forma en que me hablas me duele" que optar por un juicio como "eres un histérico".

Así pues la clave está en el impacto emocional de nuestras palabras, no en su contenido. No es el desacuerdo lo que nos hace discutir. Es el sentirnos ofendidos, atacados, menospreciados, o cualquier otro sentimiento que se desprenda de la manera en que nos hablan.

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publicado por Juanjo

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