jun 30

¿Puede existir una flor tan bella como para que alguien arriesgue todos los ahorros de su vida por ella? Los holandeses demostraron hace siglos que sí; el preciado objeto se llamaba tulipán. En 1634 comprar estos bulbos era la inversión más lucrativa del planeta, pero de repente la burbuja inversora explotó y la ruina se cebó con millones de familias. Era la primera gran bursátil de la historia y desgraciadamente no iba a ser una excepción.

Años más tarde le llegaría el turno a los ferrocarriles, los pisos, las empresas de Internet …. No importa cuánta información tengan los inversores o hasta dónde llegue su especialización.

Ahora que todo el mundo habla de la similitud de la situación financiera con el Crack de 29, se ha comprobado que efectivamente, la historia siempre se repite: demanda desaforada por un producto, astronómicas subidas de precios, rumores, especulaciones, falta de confianza y explosión de la burbuja son los elementos que nunca faltan. El problema es que los inversores siempre los identifican demasiado tarde.

LAS CAUSAS QUE DESENCADENARON LOS MAYORES CRASH ECONÓMICOS

1634. Los tulipanes enloquecieron a Holanda

A principios del siglo XVI los holandeses se volvieron locos con la flor que les haría pasar a la historia: el tulipán. El embajador holandés en Turquía había puesto de moda estos bulbos y sus compatriotas llegaron a pagar hasta 6.000 florines por una sola flor; una millonada de la época, ya que el salario medio estaba entre 200 y 400 florines.

La paranoia llegó en 1937con el establecimiento de un mercado de futuros. Lo bautizaron como el negocio de viento, y en él ya no se compraban bulbos reales sino promesas de bulbos que se plantarían en la siguiente primavera. Esta fue la primera burbuja bursátil de la historia.

Un producto estrella, una pasión desatada, precios de escándalo, ruptura de la confianza y, por supuesto, explosión: El 3 de febrero de 1937 los rumores y las suspicacias provocaron una venta masiva y la ruina de millones de holandeses. La receta de las mundiales, estaba servida.

1720. La locura de Eldorado americano

Hacerse rico en poco tiempo no es una práctica de los tiempos modernos. Ya en el siglo XVII los europeos de todas las clases sociales ganaban dinero a espuertas comprando participaciones en las llamadas compañías de acciones: Mississippi Company, en París, y South Sea Company en Londres eran los blue chips de la época. Mientras estas compañías invertían al otro lado del Atlántico, en Europa se llegaron a emitir billetes, supuestamente avalados por su valor en oro, y se concedieron miles de créditos para compra sus acciones.

Pero el negocio real al otro lado del océano no era suficiente para compensar los altos precios de las acciones. De nuevo, la falta de confianza desató la catástrofe financiera. Comenzó la venta masiva, y se sucedieron situaciones dantescas: 15 personas perdieron a vida ante el Banque Royale de París, y el propio Isaac Newton, perdió más de 20.000 libras de la época.

1836- 1857. El ferrocarril, la especulación a toda máquina

Año 1830. Una máquina de hierro, llamada ferrocarril, consiguió recorrer 56 kilómetros en a penas hora y media. El logro parecía increíble a ojos de unos ingleses acostumbrados a recorrer ese mismo camino en tres horas, en diligencia. El recién inventado ferrocarril desató todas las pasiones. La railwaymanía había comenzado.

Los empresarios que se dedicaron a montar este tipo de compañías sin pensar en las millonarias inversiones que requerían, y los especuladores que compraban acciones a espuertas en busca de beneficios estratosféricos. Y así fue por un tiempo. Los años siguientes fueron una época de euforia para la economía mundial y las acciones de las compañías de ferrocarril repartían dividendos del 10%. Todo el mundo quería estar allí.

Cada semana se conocían nuevos proyectos, y se vendía más acciones. Pero ni todos eran tan rentables y todas las acciones tan reales. En junio de 1945, un informe del Parlamento británico desveló que 20.000 especuladores habían suscrito acciones ferroviarias por valor de 2.000 libras, cada uno, con la intención de vendarlas al día siguiente. Es fácil adivinar las consecuencias de la noticia: caída en picado de los valores, inversores arruinados, familias en la calle.

1929. El Crack del 29, la madre de todas las

La imágenes de los estadounidenses haciendo cola por conseguir comida, están en la memoria colectiva gracias a la famosa película El Gran Gastsby.La del 29 es sin duda la , con mayúsculas.

En los felices años 20 comprar y vender en Bolsa era el negocio más lucrativo del planeta. Un ejemplo: la empresa de cobre Anaconda Cooper, llegó a ganar 20 millones de dólares en el mismo mes en que la cotización de ese metal había caído un 25%. Los registros de la época aseguran que Estados Unidos, con 120 millones de habitantes, tenía dos millones de especuladores. Pero la euforia nunca es eterna.

El jueves 24 de octubre de 1929 la Bolsa de Nueva York se encontró con 13 millones de acciones en venta y nadie dispuesto a comprarlas. El pánico estaba servido. El descalabro del día fue de un 13%. Cinco jornadas más tarde, el 29 de octubre, la caída se repite: 11%. Sólo en el siguiente mes las pérdidas llegaron a los 30.000 millones de dólares.

Millones de inversores medianos y grandes se arruinaron hasta tal punto que algunos se suicidaban saltando desde los imponentes rascacielos neoyorquinos. Hasta ahora, ésta ha sido la más intensa y larga de la historia: suspensión de créditos, inflación, desempleo….

El mercado no tocó fondo hasta 1932 con pérdidas del 90% en el valor de las acciones. El Dow Jones necesitó 25 años para recuperar su nivel. La llamaron La Gran Depresión y, lo más terrible: el periodo acabó con el estallido de la Segunda Guerra mundial, el 1 de septiembre de 1939.

1973. del petróleo. Sus secuelas nunca se borraron

Octubre de 1973. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) embarga el suministro de petróleo. Es la represalia por el apoyo que Estados Unidos y sus aliados a Israel en la guerra del Yom Kippur. Un mes después; el 5 de noviembre la OPEP decide recortar la producción un 25%.El precio del crudo pasó de 4 a 16 dólares por barril, cuatro veces más, en sólo tres meses. La factura energética de los países europeos ascendió hasta el 5% del PIB, frente al 1% antes de la .

Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos sufre escasez de combustible. La reacción de las bolsas, no sorprende a nadie: caída en picado. Nueva York perdió 97.000 millones de dólares en sólo seis semanas. ¿Resultado? Contracción de todas las economías del mundo, estancamiento de la producción industrial, el desempleo se convierte en una losa para Europa. Y sobre todo, nace del mayor enemigo de las economías modernas: la estanflación, ausencia de crecimiento y subida de la inflación.

1987. El objeto de deseo en esta ocasión son las casas

Comprar una casa en los años ochenta del siglo pasado era un deseo tan ardiente como lo ha sido hasta hace un año en el siglo XXI. Y también como ahora, los bancos de ahorro y préstamo estadounidense se arriesgaron demasiado.

Los conocidos como Saving & Loans, muy parecidos a la banca minorista española se emborracharon con el negocio y abandonaron su rigurosidad para conceder hipotecas. La gente pedía préstamos con alegría, pero todos se habían olvidado del ahorro, por lo que su modelo de negocio quebró. En aquella ocasión la burbuja estalló en la América profunda, en los estados de Ohio y Maryland, y luego se extendió a todo el país y el resto del planeta.

El Gobierno estadounidense acudió al rescate con una aportación de 150.000 millones de dólares, pero el daño ya estaba hecho. La desconfianza se había adueñado de los inversores: el dólar no paraba de caer, la Reserva Federal Estadounidense en el, entonces poderoso, Bundesbank (Banco central de Alemania) intentaron salvar la situación con drásticas bajadas de los tipos, pero sus esfuerzos fueron vanos. En esta había un nuevo ingrediente: las órdenes directas de compraventa.

Los mercados que ya funcionaban automáticamente hacían caso omiso de las autoridades financieras. Las órdenes de venta se ejecutaban automáticamente al vaivén de todo tipo de especulaciones, ¿Resultado? El 19 de octubre de 1987 las bolsas de valores estadounidenses sufrían la mayor caída de la historia en tiempo de paz. El Dow Jones se dejó un 22% en una de las jornadas más negras de la historia financiera.

1994-1997. El efecto Dragón. La globalización muestra su peor cara

Pocas en la historia tienen culpable con nombres y apellidos. Esta es la excepción, se trata de George Soros. El famoso financiero lideró a un grupo de descarnados especuladores que se dedicaron a comprar masivamente dólares para mermar la estabilidad del Bath, la moneda tailandesa, hasta que el Banco Central del país devaluó la divisa.

A principios de los 90, Tailandia era uno de los países más atractivos para los capitales internacionales. El país lideraba la revolución de los Tigres asiáticos, su crecimiento económico se había disparado y su mano de obra barata era un imán para las multinacionales. ¿Su punto débil? Una moneda vinculada al dólar y un endeudamiento excesivo.

A Soros y sus colegas les atrajo el reto… Derrumbada Tailandia, le tocó el turno a Malasia, el 27 de Agosto. El 23 de octubre, fue atacada la economía de Hong Kong… Los mercados asiáticos perdieron 40.000 millones de dólares. El miedo a un ataque especulativo del comando Soros se extendió por todo el planeta. El llamado efecto dragón provocó que entre el 27 y 28 de octubre de 1997 el índice Nikkei, de Tokio, perdiera más de 725 puntos, casi el 5%, y las bolsas de Argentina, México, y Brasil se dejaran entre un 13 y 15% en un solo día.

Al menos, en esta ocasión nadie pudo acusar a los analistas o a los gobiernos de falta de previsión. Los piratas habían llegado a los mercados de capitales.

2001. La burbuja de las punto com y los ataques terroristas machacan los mercados financieros

Un siglo después de que la humanidad se volviera loca por los ferrocarriles, la historia se repetía con una diferencia: en los albores del siglo XXI el nuevo invento objeto de deseo se llamaba Internet. Nuevas compañías de apellido punto com aparecían como setas.

Se desarrolló una línea de prensa especializada (también había ocurrido con los ferrocarriles): revistas, libros, películas… la pasión por lo digital parecía desterrar todo conocido hasta entonces. Empresas recién creadas como Terra valían en bolsa mucho más que una vetusta Telefónica, luego protagonizó uno de mayores descalabros en España de las tecnológicas.

En 1999, Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal Estadounidense, y hombre muy ducho en la historia económica, dio la voz de alarma. Los ingredientes de una burbuja estaban sobre la mesa, pero su advertencia tuvo escaso éxito. Los errores humanos ser repiten, y los inversores siguieron comprando. Un año después la prestigiosa NBC anunció el cierre de su página web. Era el comienzo de fin: detrás de muchas punto com sólo había aire.

La caída de las bolsas, en esta ocasión parecía escalonada hasta el 11 de septiembre. Ese día los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York dieron la puntilla a los mercados.

Las bolsas de Estados Unidos cerraron tras los ataques, El Nikkei perdió un 6,23% y bajó a un mínimo que no se registraba en 17 años. Los índices europeos cayeron a su nivel más bajo desde diciembre de 1998. El FTSE 100 perdió un 5,7%, en su mayor caída diaria desde la “” de octubre de 1987, lo que evaporó 98.000 millones de dólares de valor del mercado. En esta ocasión, lo que las autoridades americanas habían conseguido amortiguar, lo aniquilaron los terroristas.

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publicado por juanjo \\ tags: ,

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