jun 22

¿POR QUÉ NO SE ATACA A ECONOMÍAS ANGLOSAJONAS?

Pocas sentencias se escriben con tan pocas letras. Y pocas veces, tan pocas letras tienen tanto poder. Aunque lo parezca, no es un trabalenguas. ¿Una adivinanza quizá? En este caso sí, ha acertado, son las agencias de calificación crediticia. Pero ¿sabe cómo se juega? las reglas son sencillas: casi siempre la “ligan” tres jugadores: Standard and Poor´s, Moody´s y Fitch. Éstos serán los guardianes del y se encargarán de medir la capacidad o no de atender las obligaciones de pago que tendrán el resto de jugadores: empresas y Estados. ¿El objetivo? que no nos “pille” la desconfianza del , y para ello, habrá que pagar por adelantado una cantidad a “los que la ligan” y no bajar la guardia, pues en cualquier momento pueden sentenciar a golpe de mazazo y seremos descalificados.

Puede resultar entretenido, de hecho, la inmensa mayoría quiere “jugar” a ser calificado. Y es que con el tiempo, el papel y la influencia de las agencias de calificación crediticia se han ampliado significativamente hasta convertirse en un agente clave a la hora de decidir en qué activos invertir y en cuales no. Las agencias de ratings tratan de medir la calidad crediticia -es decir, la capacidad de atender las obligaciones de pago- de las empresas y de los instrumentos de deuda y de ello dependerá el precio que los emisores de papel han de pagar por la financiación. Todo ello y como señala el Banco Central Europeo (BCE) -en su boletín mensual publicado en mayo de 2009- “con el objetivo de conseguir economías de escala en términos de recopilación y el análisis de la información, así como resolver los problemas que plantea la asimetría de la información entre emisores e inversores”. O dicho de otra forma, hacer pública la situación financiera de una institución y, en función de ello, asignarle una nota que pueda servir de referencia al inversor.

Las reglas están sobre la mesa… pero como en todo juego, no siempre se respetan y llegan las faltas. Algo que no es ajeno a las agencias de calificación. “La crisis económica iniciada desde finales de 2007 ha cuestionado tanto la independencia de las agencias de ratings, como su capacidad para anticipar el deterioro de la calidad de los activos, la falta de transparencia de los procesos de valoración de los mismos y, por último, la existencia de un oligopolio controlado por Fitch, Moody´s y Standard & Poor´s", asegura Eduardo Vicho, co-director de EJD Valores.

Y es que los errores vienen de tiempo atrás. Acusadas de haber fallado en tres ocasiones en tan sólo una década: no vieron venir la quiebra de Enron así como la crisis de las subprime ni la quiebra de Lehman Brothers, dos hitos clave de la crisis en la que a día de hoy seguimos inmersos. Y Hoy vuelven a ponerse en duda los intereses que pueda haber detrás después de haber puesto “patas arriba” la confianza de los inversores ante la zona euro, ahora objetivo fijo de estas agencias que siguen cebándose con las economías periféricas (o los ya famosos PIIGS: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España). Hasta los más sabios y poderosos cojean… pero ¿cuáles son las debilidades de estas agencias?

Si se analiza en profundidad el modelo de negocio de las agencias de ratings, el Observatorio de Coyuntura Económica Internacional (OCEI) ve tres debilidades: la primera de ellas es la regulación externa, derivada de las instituciones como la Securities Exchange Comision (SEC), supervisora de los mercados, o la Reserva Federal (FED), supervisora de las entidades financieras; la segunda debilidad radica en la extensión de sus diagnósticos, que se limitan a cuantificar el riesgo del crédito, no pronunciándose sobre otros riesgos tales como el de los tipos de interés, de liquidez o la capacidad de venta en el secundario; y la tercera debilidad es la de un posible conflicto de interés con sus clientes directos, los emisores, frente a sus clientes indirectos, los inversores.

De cualquier forma, las agencias de ratings generan más ruido que un patio de colegio, su juego, guste más o guste menos, influye en el comportamiento de los mercados a ambos lados del Atlántico y es capaz de sembrar el pánico entre los inversores cuando en la sentencia bajan un escalón en “la pirámide de las letras”. Así ha sucedido con los recientes recortes de rating tanto a Grecia, Portugal y, como no, a nuestra querida España. Que las economías periféricas no andan en su mejor momento, que sus cuentas no están saneadas, no es nada nuevo, y por ello, por el elevado déficit y las nubes que aún se ven en las perspectivas han fomentado el tirón de orejas por parte de las agencias de calificación. La revisión de los periféricos puede estar justificado pero, ¿no se ha preguntado alguna vez por qué apenas se revisa la deuda tanto de Reino Unido como de Estados Unidos? ¿Tiene algo que ver que prácticamente todas las agencias son de origen anglosajón? Si bien se espera que la deuda pública española alcance el 60% del PIB (cerca de 500.000 millones de euros), la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS, siglas en inglés) estima que el total de la deuda del Estado británico es de 893.400 millones de libras (1.027.231 de euros), lo que equivale al 62,1 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) mientras que “en EE.UU. la deuda pública asciende al 80% con un déficit fiscal del 12%”, explica Félix González, socio director de Capitalia Familiar. “En este sentido, se trata de economías parejas a la española, sin embargo, tanto Reino Unido como EE.UU. son mucho más flexibles y tienen mucha más capacidad de reacción”. Esta es una de las razones principales por las que las agencias no tendrían en el punto de mira a otras economías que no fueran las periféricas, por el momento.

Por su parte, Daniel Pingarrón, analista de IG Markets, recuerda que “tanto Standard and Poor´s, como Moody´s o Fitch son americanas y parece que su sensibilidad para evaluar activos europeos es mayor que la que utilizan para calificar activos americanos”. “Los Estados de California, Illinois y Nueva York tienen ratios de deuda y déficit público más preocupantes que muchos países europeos con peor nota crediticia”, añade Pingarrón. Por ello, este experto defiende la creación de una agencia de ratings de origen europeo, “lo que sería un proyecto totalmente viable y tendría toda la lógica puesto que la consecuencia directa sería un aumento de la transparencia y algo más de protección hacia los mercados europeos, tan dañados en los últimos meses”.

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publicado por juanjo \\ tags: , , , ,

abr 24

(Artículo del escritor español , publicado en ‘El Semanal’ el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, parece una ).

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el
de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management , y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de
ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan.
Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo
especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso:
alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro.
Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y
chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de
tanta poca vergüenza.

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