sep 05

El corresponde a las iniciales en Inglés de Price Earning Ratio que traducido significa relación precio-beneficio.

El lo que nos indica es el número de veces que el beneficio está comprendido en el precio de la acción o dicho de otra manera el número de años necesario para recuperar la inversión teniendo en cuenta los beneficios de la empresa.

Precio dividido por Beneficios =

El precio que se utiliza en la fórmula es el precio de cada acción del día anterior, mientras que el dato del beneficio corresponde al beneficio por acción. Hay que tener en cuenta que hay dos tipos de , los que se calculan con la información conocida (es decir con los datos de beneficios correspondientes al año anterior y que la empresa haya dado oficialmente a conocer), y aquellos que se calculan para el año siguiente, para el cual se toman estimaciones de los beneficios que va a generar la empresa.

¿Porqué es importante esta información y para qué nos sirve? En general el ratio es utilizado para calibrar si una empresa está cara o barata. Si observamos la relación matemática, nos damos cuenta de que a un más alto, estaremos pagando más por una cantidad de beneficios, mientras que a un bajo, estamos pagando menos por una cantidad de beneficios. Lógicamente, como inversor se trata de pagar lo menos posible a cambio de unos beneficios futuros lo más altos posible.

Sin embargo, el está lejos de ser la panacea que muchos inversores creen. Plantea una serie de problemas y en algunas ocasiones puede ser letal para el inversor que se deja guiar sólo por este dato. El principal problema viene cuando la empresa no genera beneficios, sino que produce pérdidas. Entonces por definición matemática, es imposible calcular el . Por otro lado en empresas cíclicas, el dato del puede ser muy engañoso ya que justo antes de entrar en pérdidas, la empresa suele tener un muy bajo y por tanto nos podría dar la impresión de que sería un buen momento para invertir.

Como en todo, lo más importante es entender el concepto, gastarlo con prudencia y que pase a formar parte de un elemento más a la hora de tomar decisiones de inversión.

Vamos a ver esto último con un fácil ejemplo, si adquirimos un negocio por 100 millones y nos va reportar 10 millones de beneficio anuales, en diez años recuperaremos nuestra inversión, es decir el es de 10. Si suponemos ahora que podemos obtener 20 millones al año, el se reducirá a 5 años, lo que lo hace más atractivo y un mejor negocio para nosotros.

El funcionamiento del en la bolsa es exactamente el mismo al de nuestro ejemplo sólo que debemos comparar entre empresas del mismo sector.

Recordamos por tanto que cuanto más baje el , la compra está siendo más barata y que las expectativas de beneficios son mejores, y hablamos de expectativas puesto que la bolsa se mueve por actuaciones que se esperan en el futuro inmediato como en nuestro ejemplo.

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publicado por juanjo \\ tags: ,

ago 18

La labor del analista es determinar cuál pueda ser el dividendo potencialmente repartible de una compañía en su vida útil (por lo general, a perpetuidad). El analista debe realizar unas proyecciones financieras que le permitan determinar, hasta donde le sea posible con cierto grado de concreción, cuál pueda ser la capacidad de generación de beneficios (y de reparto de dividendos, reteniendo lo necesario para la financiación del crecimiento) de una empresa y, a partir del momento en el que considere demasiado aventurado o superfluo hacer proyecciones detalladas, asumir una expectativa de crecimiento a largo plazo del conjunto de las magnitudes de cuenta de resultados y balance.

Ventas

Las proyecciones sobre ventas se realizan de la forma más individualizada posible entre las distintas áreas de actividad y aislando un doble factor: volumen y precio. Conviene comprobar cuáles son las consecuencias que se obtienen al cabo de varios años con las hipótesis de crecimiento de ventas planteadas para asegurarse de que no se obtienen resultados incoherentes con el análisis estratégico sectorial y de la posición competitiva relativa de la compañía analizada. En concreto, hay que hacer un seguimiento del crecimiento del sector con respecto a la economía en general, de la cuota de mercado sectorial correspondiente a la compañía implícita en las proyecciones, y de la evolución de los precios con respecto a la inflación. Estos seguimientos son tanto más importantes cuánto mayor sea el peso del sector en la economía en general y cuánto mayor sea la cuota de mercado de la compañía en su sector. Por lo general, se hace imprescindible en compañías de gran capitalización.

Resultado bruto de explotación (EBITDA)

En la estimación del EBITDA conviene diferenciar el componente fijo y variable de los gastos de explotación y, por ende, identificar las posibles economías de escala

El resultado bruto de explotación (EBITDA, acrónimo del inglés earnings before interest, tax, depreciation and amortization) se obtiene de restar a las ventas los gastos de explotación que representan un desembolso de caja y que pueden desglosarse en dos grandes grupos:

Gastos de carácter cuasi variable (compras de materiales, mano de obra directa, comisiones comerciales…), cuya evolución no discurre de modo muy dispar a la de las ventas. Las proyecciones de los gastos directos puede realizarse, por lo general, expresándola como un porcentaje sobre las ventas.

Gastos de carácter cuasi fijo (gastos generales de estructura administrativa, productiva y comercial, mano de obra indirecta…), cuya evolución discurre por lo general entre el IPC y la evolución de las ventas. La existencia de gastos de esta naturaleza permite la aparición de economías de escala y posibilita teóricamente la obtención de márgenes EBITDA sobre ventas superiores para aquellas compañías que, dentro del mismo sector y modelo de negocio cuentan con mayor masa crítica.

Resultado neto de explotación (EBIT)

La estimación de los CAPEX futuros es clave para el análisis. El EBIT proyectado (ajustes fiscales aparte) debe partir de una estimación de las necesidades de inversión, prescindiendo de la periodificación contable de las inversiones históricas.

El resultado neto de explotación (EBIT, acrónimo del inglés earnings before interest and tax) se obtiene de restar al resultado bruto de explotación las dotaciones para la amortización del inmovilizado y las provisiones de circulante (impagados, obsolescencia de existencias…). Las dotaciones para la amortización del inmovilizado son el resultado de una periodificación (de acuerdo con las tablas contablemente aceptadas) de las inversiones de una compañía (CAPEX, acrónimo del inglés capital expenditures). En una perspectiva de largo plazo, y en ausencia de crecimiento de la actividad, los CAPEX (inversiones en inmovilizado) tienden a igualarse en montante total con las dotaciones de amortización.

Las dotaciones de amortización de un año concreto responden, en consecuencia, a la periodificación contable de los CAPEX de los años anteriores. A efectos de la realización de proyecciones financieras, lo importante es predecir las inversiones futuras, dado que éstas, y no las históricas, son las que determinarán la necesidad de dotaciones para amortización.

En ausencia de crecimiento (y manteniendo un esquema de negocio en el que el peso del activo inmovilizado sobre ventas se mantenga constante) los CAPEX de un ejercicio representan un importe igual a la dotación anual para la amortización del inmovilizado.

En este sentido, y alcanzado el horizonte temporal en el que la capacidad de previsión del analista estime razonable, la simplificación de expresar el EBIT como diferencial entre EBITDA y CAPEX, puede ser útil para resumir la generación operativa neta de fondos destinada a retribuir deuda y capital. La discrepancia entre CAPEX y dotación a la amortización tiene consecuencias estrictamente impositivas.

Como sucede con los gastos de explotación, las inversiones o CAPEX (realidad económica que determina la dotación contable), deben ser proyectados teniendo en consideración su doble componente (fijo y variable) en función de la actividad. Por lo general, el componente fijo de los CAPEX es muy relevante, por lo que la mejora de rentabilidad derivada del aumento de masa crítica es especialmente marcada.

Carga financiera y endeudamiento

A efectos de valoración, conviene identificar cuál deba ser la capacidad óptima de endeudamiento (la estructura financiera objetivo) de una compañía de acuerdo con los estándares establecidos por las agencias de rating para un sector.

En las proyecciones específicas de los primeros años, la carga financiera es la que se deriva de la aplicación de la tasa de interés a pagar por cada compañía en función de su rating al nivel de endeudamiento real.

Al final del íodo de proyección individualizada, conviene determinar, a efectos de aplicar criterios de valoración homogéneos, la estructura de endeudamiento compatible a largo plazo con el nivel de riesgo operativo de la empresa. A mayor grado de predicibilidad del resultado operativo (EBIT, o la simplificación EBITDA – CAPEX), mayor es la porción del mismo que puede destinarse al pago de intereses. La expresión del gasto financiero previsto (y, por ende, habida cuenta de los tipos de interés vigentes, del nivel de endeudamiento implícito), como un porcentaje del resultado operativo es la base sobre la que las agencias de rating califican el riesgo crediticio de una compañía.

En este sentido, y para el año final de la proyección explícita, que quiere ser representativo de una estructura típica de negocio de la compañía susceptible de ser mantenido a largo plazo, conviene determinar su nivel de endeudamiento objetivo de acuerdo con los criterios compatibles para una calificación crediticia determinada. En compañías de gran capitalización, puede adoptarse la que sea compatible con un mantenimiento de rating A, homogeneizando el nivel de endeudamiento entre compañías comparables de un mismo sector, y aplicando como tipo de interés el que resulte de aplicar el diferencial sobre la tasa libre de riesgo propio de su calificación crediticia.

Del resultado de explotación al beneficio neto

Para establecer el beneficio neto estándar de una compañía a largo plazo conviene aislar los factores excepcionales que marcan su beneficio histórico declarado.

La determinación del resultado neto de explotación y de la carga financiera soportable en el largo plazo por una compañía son la clave para la realización de unas proyecciones adecuadas para efectuar una valoración de la compañía. En los años de proyección explícita, podremos contar, sin embargo, con datos suficientes para una determinación del beneficio neto en el que pueden intervenir otros conceptos. El paso del beneficio de explotación al beneficio neto se realiza mediante las siguientes operaciones: (Beneficio de explotación + Resultado financiero + Resultados extraordinarios – Impuesto de sociedades = Beneficio neto).

En el resultado financiero se incluyen, además de las cargas por intereses, los ingresos por intereses y dividendos recibidos, las amortizaciones de fondo de comercio y los beneficios por puesta en equivalencia.

En una perspectiva de largo plazo no es plausible que una compañía mantenga una estructura financiera que le permita obtener unos ingresos por intereses superiores a sus cargas por el mismo concepto, dado que la rentabilidad ofrecida por la inversión en instrumentos de deuda es inferior al coste de capital requerido, por lo que un ingreso por intereses neto es representativo de un empleo poco eficiente de los recursos de la compañía. La amortización del fondo de comercio es la periodificación de una inversión en inmovilizado financiero ya incurrida, sin desembolso de caja, por lo que no tiene influencia en una valoración que mira a futuro (más allá de su posible efecto sobre impuestos en función de la regulación fiscal de cada país). Finalmente, los beneficios por puesta en equivalencia, son una atribución contable de una compañía filial, cuyo valor deberá ser determinado generalmente por otros medios (como conviene también hacer con los activos financieros generadores de dividendos).

El resultado extraordinario puede provenir de fuentes muy diversas y su calificación es siempre controvertida. Sus orígenes principales son las plusvalías o minusvalías por enajenaciones de activos y los costes de reestructuración. Aunque podemos contar con datos que nos permitan estimar este resultado a muy corto plazo (planes de desinversión o reestructuración anunciados), en una perspectiva de largo plazo toda estimación es superflua.

El impuesto de sociedades a pagar durante el íodo explícito de proyección proviene de la aplicación de la tasa fiscal propia de cada compañía (variable según composición y ubicación geográfica de sus negocios), incluyendo los ajustes (deducciones y bonificaciones fiscales) por operaciones de las que se tenga conocimiento. En una perspectiva de largo plazo (fuera del íodo explícito de proyección), es conveniente aplicar una tasa impositiva media.

Beneficio distribuible compatible con el crecimiento (dividendo potencial)

Conviene distinguir entre beneficio contable declarado (incluso normalizado) y dividendo distribuible. El dividendo distribuible, a igual expectativa de crecimiento, es tanto mayor cuanto mayor sea la rentabilidad sobre activos (y por tanto sobre capital) de una compañía.

La necesidad de retención de beneficio dependerá de las necesidades de reinversión para el crecimiento. Estas necesidades pueden dividirse en dos: necesidad de inversión en activo fijo, y necesidad de retención en capital circulante. Tanto el activo fijo adicional como el capital circulante adicional deberán financiarse con recurso a dos fuentes: capital (beneficios retenidos), y deuda, manteniendo una proporción aceptable para los prestamistas. En función de cuál sea esa estructura, la compañía merecerá una cualificación de rating y, por ende, una prima de riesgo sobre la deuda soberana aplicada a su endeudamiento distinta.

Para una compañía con un nivel de riesgo determinado, sobre la base de los estándares fijados por las compañías de rating, podrá establecerse cuál sea la necesidad de retención de beneficios (o aumento del capital, en definitiva, financiación vía recursos propios), y la posibilidad de endeudamiento.

En consecuencia, para una determinada expectativa de crecimiento (G, del inglés growth), la compañía deberá tener un nivel de retención de beneficios que podrá establecerse como una función del ROE (acrónimo del inglés Return on Equity, o rentabilidad sobre los recursos propios). Si la relación recursos propios contra recursos ajenos (deuda financiera) se quiere mantener constante a lo largo del tiempo, la retención de beneficios necesaria vendrá definida por la siguiente fórmula: Beneficio retenido = G/ROE. Por tanto el porcentaje de beneficio efectivamente repartible (el dividendo potencial, o pay-out), vendría determinado por la siguiente fórmula: Dividendo = 1-(G/ROE).

La determinación de la tasa “G” es un punto crucial para toda valoración. Más allá del plazo de proyección específica (donde se aplican crecimientos diferenciados para las distintas magnitudes de cuenta de resultados y balance), que suele comprender unos pocos años, debe determinarse una tasa de crecimiento (aplicable a todas las magnitudes por igual) a perpetuidad. En el actual contexto de tipos de interés, la aplicación de primas de riesgo medias y tasas de crecimiento similares a las nominales de la economía a largo plazo, aproximadamente un 20% del valor de una compañía queda comprendido en los 5 años siguientes al momento actual, un 30% adicional en los diez años subsiguientes, y el 50% restante del decimoquinto año en adelante. La adopción de una G sustancialmente distinta de la tasa nominal de crecimiento de la economía a largo plazo debe realizarse con muchas precauciones, para no incurrir en hipótesis difícilmente defendibles. Ello es especialmente recomendable en compañías líderes de sectores con un peso muy relevante en la economía. En los momentos de euforia de las telecomunicaciones podían verse valoraciones de operadoras hegemónicas con tasas de crecimiento perpetuo del 8…quien así proyectara debería saber que ello implicaba, por ejemplo, que el peso del sector de telecomunicaciones sobre el PIB (actualmente situado en el 4%), debía alcanzar niveles superiores al 15% en un íodo de diez años… Seguro que con tras esta reflexión la estimación de la G hubiera sido más cauta.

Para evitar este tipo de errores conviene acotar los crecimientos diferenciales a un íodo determinado. Ello facilita una mayor comprensión (tanto por parte del analista como para el receptor del análisis), de las hipótesis de crecimiento implícitas. Así, por ejemplo, para una tasa de descuento del 10%, una G a perpetuidad del 6,2% puede expresarse como la conjunción de una G del 10% en 10 años y del 4,5% (equivalente al crecimiento nominal esperado a largo plazo para la economía europea) en adelante. Aunque desde un punto de vista estrictamente contable la determinación del ROE es aparentemente fácil (beneficio neto/recursos propios), en un enfoque de valoración se hace algo más complejo. Las valoraciones se basan en las proyecciones del futuro económico de la compañía, no de su pasado. Por ello, lo importante es determinar cuáles vayan a ser los recursos propios a emplear (y retribuir) en el futuro, más que los efectivamente empleados (y contabilizados de forma muy variopinta en el pasado).
Aunque en algunos sectores (principalmente en el sector financiero, y en menor medida en aquellos cuyos activos fijos tengan un íodo de vida útil corto), el valor contable histórico pueda ser indicativo de la necesidad de empleo de recursos propios en un futuro, la mejor fórmula de determinación del “equity” necesario a futuro viene de calcular las necesidades de inmovilizado neto (activo fijo más fondo de maniobra) a emplear por una compañía en sus operaciones futuras. Ello se obtiene mediante la fijación de una vida útil media de los activos (múltiplo sobre los CAPEX), y de una estimación de las necesidades de fondo de maniobra expresadas como porcentaje sobre la actividad (% sobre ventas). Hallado el activo fijo y el fondo de maniobra necesario los recursos propios a emplear se obtienen como el diferencial entre el total a financiar (activo fijo y fondo de maniobra) y la deuda financiera neta teórica calculada como aquella cuyo servicio representa un determinado porcentaje (el compatible con un rating determinado) del beneficio de explotación.

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publicado por juanjo \\ tags:

ago 17

Entendemos que las valoraciones deben ser una guía para los inversores, la  expresión de la opinión de un departamento de análisis sobre el valor actual de sus previsiones de beneficios (y en último término, de reparto de dividendos) para una compañía en su vida futura. Nunca un intento de justificación del precio del momento en bolsa.

Intentaré poner de manifiesto la metodología de análisis y valoración, así como una aproximación a ciertos conceptos teóricos objeto de controversia en el mercado.

El descuento de dividendos

Desde un planteamiento estrictamente financiero la valoración de la inversión en acciones debe acometerse a partir de las mismas bases que se utilizan para el resto de activos financieros, por ejemplo, los bonos u otros instrumentos de deuda. El valor de un activo financiero no es más que el valor actual neto a una tasa de descuento apropiada de los flujos futuros a percibir por su titular; en el bono, el pago de intereses y devolución de principal, en su caso, en una acción, los flujos futuros a percibir por el titular son los pagos de dividendos. La devolución del principal, en la mayoría de los casos no se contempla, dada la duración indefinida de la compañía (una excepción serían, por ejemplo, en España, las concesionarias de autopistas).

Conceptualmente podríamos decir que la valoración de una acción (o del capital de una empresa), debería acometerse de la misma forma que se emprenda la de la deuda perpetua, con la peculiaridad de que, si bien sobre los pagos de intereses de esta última se tiene exacto conocimiento del importe y periodicidad, ello no sucede con su equivalente en la acción, los dividendos.

El método de valoración que exponemos es el adecuado para un inversor financiero. Definimos como tal aquél que tenga establecido un objetivo de rentabilidad para su inversión con criterios de permanencia a largo plazo y tomando como referencia la rentabilidad de instrumentos financieros alternativos.

En el caso de una empresa, los flujos futuros a percibir por el accionista no son otros que los Dividendos

Evidentemente, este tipo de valoración no es indicativa de las expectativas de rentabilidad que, a corto plazo, pueda obtener un especulador bursátil. El especulador bursátil a corto plazo no suele expresar su expectativa de ganancias como una tasa interna de rentabilidad a largo plazo que represente un diferencial estándar histórico sobre la deuda pública, sino como el potencial de revalorización que en pocos días o meses pueda proporcionar el valor, confiando en su capacidad de predecir no tanto resultados financieros como otros indicadores (flujos de liquidez, psicología de masas…), cuyo análisis discurre por derroteros distintos de los del estudio de la realidad económica de la compañía analizada.

La valoración de empresas cotizadas en bolsa no es más que un descuento de dividendos Potenciales

En ACF el departamento de análisis concentra su actividad en el estudio de la realidad económica y financiera de las compañías que están incluidas dentro de su universo de cobertura, e intenta determinar el nivel de infravaloración o sobrevaloración que su precio de mercado represente en cada momento con respecto a su valor fundamental como instrumento de inversión financiera en la convicción de que en una perspectiva de largo plazo, las distorsiones que el precio de mercado pueda presentar con respecto a la valoración fundamental tenderá a corregirse. Las recomendaciones concretas de inversión en cada momento (comprar, mantener, vender) , toman como base el grado de sobrevaloración o infravaloración relativa con respecto al universo de valores analizados, aunque pueden ser matizadas dentro de un grado (de comprar a mantener, de mantener a vender),de acuerdo con criterios de oportunidad de mercado.

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publicado por juanjo \\ tags:

dic 17

Obtener beneficio en la operativa en los mercados se reduce de facto a comprar a bajo precio y vender a un nivel más elevado, ó vender caro y volver a comprar a un nivel más bajo. Sin embargo, en la realidad no es tan sencillo ya que hay que conocer el carácter del ciclo (alcista o bajista), y sobre todo el momento del ciclo. Para ello, es interesante contar entre otros elementos con dos tipos de análisis:

  • – método de previsión de los movimientos futuros de los precios de los instrumentos financieros basado en factores y datos económicos, políticos y medioambientales, que de cualquier modo pueden influir en el nivel de oferta y demanda de determinado instrumento.
  • – método de previsión de los movimientos futuros de los precios y tendencias de mercado basado en los gráficos, osciladores y otros indicadores creados en base a datos históricos sobre el comportamiento de divisas y el volumen en el mercado.

En la práctica, los inversores con mucha frecuencia aplican herramientas y técnicas pertenecientes a ambos tipos de análisis.

El

En los mercados, el se basa en la situación macroeconómica observada tanto en un país dado como en un entorno global y, en el análisis de cómo los cambios en la economía influyen en la oferta y la demanda de un valor determinado. Para ello hay que seguir la evolución de los acontecimientos políticos, económicos y sociales, así como observar los indicadores macroeconómicos que testimonian sobre el estado económico de un país.

La publicación de datos macroeconómicos es sin duda, uno de los factores, observados con más atención por los “fundamentalistas”.

Los datos macroeconómicos se divulgan según un calendario determinado con anterioridad, publicado por agencias de información especializada junto con el pronóstico de los datos de unos indicadores determinados. Si el dato publicado no se diferencia sustancialmente del pronóstico anterior, seguramente no ocurrirá nada particular. Sin embargo, si los datos macroeconómicos publicados se alejan en gran medida de las expectativas, el mercado seguramente reaccionará con nerviosismo, dando la posibilidad de beneficio a los inversores que previeron acertadamente el valor de un indicador determinado.

La velocidad de reacción frente a la publicación de datos y la aparición del fenómeno llamado descuento de la información futura es un hecho evidente del mercado de valores. El inversor tiene que decidir si los datos o acontecimientos futuros que ha pronosticado han sido ya tomados en cuenta por el mercado, en precios o no. La publicación de datos esperados por todos no va a tener a priori gran influencia en el mercado, puesto que seguro que ya ha sido descontada por el tipo de cambio. La información ejercerá una mayor influencia cuando todavía no es conocida o esperada por todos.

Desde el punto de vista del , las decisiones en materia de política monetaria, llevada a cabo por las autoridades monetarias, también adquieren gran relevancia . El tipo de interés establecido por ellas, las operaciones de mercado abierto o la intervención monetaria tienen influencia en la situación del mercado de divisas y son objeto de observaciones directas por parte de los analistas financieros.

En los mercados internacionales también influyen los acontecimientos más trágicos, como por ejemplo las guerras, ataques terroristas o catástrofes de diferente tipo. En caso de situación crítica los inversores tenderán hacia valores más seguros, por ejemplo el dólar americano, el franco suizo o, como está ocurriendo en los últimos tiempos, a la moneda común, el euro.

También los comentarios o manifestaciones de los miembros de los equipos en el gobierno, los directores de los bancos centrales o las personas con influencia en la política monetaria. La estabilidad de la escena política se traduce en un aumento de la atracción económica entre los inversores extranjeros, lo que atrae capital y refuerza la moneda nacional. Un empeoramiento de la situación política puede llevar a una retirada violenta del capital invertido y a un aumento del precio de las divisas.

Indicadores Económicos

Entre los indicadores macroeconómicos más importantes destacan:

Producto interior bruto o PIB (en inglés GDP) – mide de forma sucinta el valor de los bienes y servicios producidos en un país determinado. Al calcular el índice se tiene en cuenta cualquier actividad económica, independientemente de la nacionalidad del propietario de un factor productivo dado. El nivel de PIB también se puede medir en precios corrientes, mostrando el valor de producción de mercado actual, y en precios constantes, lo que permite valorar la dinámica del crecimiento económico de un país concreto. Los mercados financieros analizan detalladamente, en su publicación trimestral, los cambios en el nivel del producto interior bruto en un año. La dinámica en el desarrollo de la economía de un país puede desembocar en el refuerzo de su moneda en el mercado internacional.

Índice de precios al consumo o IPC (Consumer Price Index CPI) – indica el precio constante de la cesta de bienes de consumo corregido según el factor estacional. Los mercados financieros muestran la tendencia a abandonar las divisas de los países con una inflación creciente. El aumento del indicador lleva al aumento de los tipos de interés, lo que significa una caída de los precios en el mercado de deuda, en una divisa dada. La liquidación de obligaciones por parte de los inversores extranjeros por miedo a una subida del tipo de interés, puede llevar a un aumento de la oferta sobre esa divisa y su debilitación con respecto a otras monedas.

Índice de precios al por mayor o IPM (Production Price Index PPI) – muestra la dinámica de cambios de los precios de los bienes ofrecidos por fabricantes y agricultores. Los mercados financieros concentran su atención en los cambios porcentuales de los precios de los bienes finales publicados mensualmente (llamada inflación subyacente – core rate PPI). Una fuerte subida del indicador y unas expectativas de inflación ampliadas pueden ser percibidas por los inversores de forma negativa, causando una debilitación de la moneda nacional.

Producción industrial (Industrial Production) – determina el tiempo de crecimiento total del nivel físico de producción económica. Una dinámica de producción alta muestra la buena condición económica y puede llevar a un refuerzo de la divisa en el mercado. Una dinámica baja es consecuentemente, un síntoma perjudicial de la situación económica, causando la huída de los inversores de una divisa dada.

Balanza comercial (Trade Balance) – es el conjunto del valor de los bienes y servicios exportados -llevados fuera de las fronteras de un país dado- y de importación -recibidos del extranjero-. La diferencia entre el valor de la exportación y la importación de un país dado supone el saldo comercial. Su valor positivo expresa la superioridad de la exportación frente a la importación. La alta competencia en la economía puede aumentar el interés de los inversores en una divisa concreta.

Índice del Instituto de Gestión de la Oferta (ISM) – el indicador tiene en cuenta cinco factores: los nuevos pedidos, la producción, la entrega, las reservas y los contratos. Una lectura por encima del 50% muestra el desarrollo de la producción y de toda la economía. El nivel 45%-50% muestra un estancamiento en el ámbito de la producción industrial manteniéndose el dinamismo económico. El valor del indicador por debajo del 40% muestra un estancamiento tanto en la industria como en toda la economía.

Los mercados financieros dan al indicador ISM mucha importancia por su influencia importante en la política monetaria de la Reserva Federal.

Cuenta corriente (Current Account) – abarca todos los flujos de capital desde y hacia un país dado. El saldo positivo en la cuenta corriente significa que fluye capital hacia un país dado. Esta situación puede dar como resultado el incremento de la demanda de la moneda nacional.

Índice de desempleo (Unemployment Rate) – el nivel de desempleo es uno de los indicadores más importantes que hacen referencia a la condición de una economía dada. El nivel de desempleo publicado abarca tanto el desempleo natural (voluntario) como el desempleo real (que se desprende de la falta de adaptación entre la mano de obra cualificada y las necesidades del mercado, una falta de demanda así como un desempleo ficticio). El aumento estable del nivel de desempleo supone un indicio del empeoramiento de la situación económica del país, con una mala acogida en los mercados financieros, lo que se traduce en una señal de retirada de una divisa dada.

University of Michigan Consumer Sentiment Index – este índice de publicación mensual supone un indicador importante que muestra el sentimiento reinante entre los consumidores y las perspectivas del desarrollo ulterior de la economía en los EE.UU. En su valor influye la valoración de la situación actual por parte de los encuestados y la espera relacionada con las condiciones futuras de la economía. El sondeo se lleva a cabo vía telefónica entre 700 economías domésticas. La importancia del índice Michigan viene del hecho que los gastos de los consumidores son el factor más importante que forma el volumen del producto interior bruto. Los datos sobre el valor del índice que superan las expectativas del mercado pueden dar lugar a la apreciación del dólar, mientras que una lectura más baja de lo esperado puede llevar a una debilitación de la moneda americana.

IFO Business Sentiment – este índice, realizado por el instituto de economía de Munich, muestra el sentimiento existente entre los industriales alemanes. En el estudio participan mensualmente alrededor 7.000 unidades económicas. Los analistas de los mercados financieros atribuyen gran importancia a las lecturas del índice. Lo tratan como el barómetro de la condición económica, representativo en toda la eurozona. Un crecimiento del índice IFO indica una mejora coyuntural y puede señalar una tendencia a la apreciación de la moneda europea.

Durable Goods Orders – Mide, en dólares americanos, el valor de las órdenes de bienes duraderos (amortización por encima de tres años). El volumen de las órdenes es uno de los índices más importantes que determinan cómo se encuentra de la industria. Los valores de la lectura del indicador se caracterizan por una gran capacidad de cambio y se comprueban a menudo, a pesar de que su publicación pueda tener una gran influencia en los mercados financieros, llevando a fuertes cambios de precio en caso de resultados diferentes a lo esperado.

New Home Sales – El índice expresa la cantidad de casas nuevas vendidas y puestas a la venta. Los cambios en el nivel de la dinámica reflejan una coyuntura en el mercado inmobiliario americano. Una dinámica alta es característica de la época de bonanza económica, cuando su caída significa una saturación de la demanda y una posible llegada de un estancamiento económico.

Housing Starts and Building Permits – Este índice, de publicación mensual, expresa el crecimiento relativo de las nuevas inversiones en construcción así como de los permisos de construcción en el mercado inmobiliario de los EE.UU. Su nivel depende, entre otros, del nivel del tipo de interés de préstamo hipotecario. La buena coyuntura en el mercado inmobiliario refleja el desarrollo económico del país.

Índice de confianza del consumidor (Conference Board Consumer Confidence) – tiene un significado parecido al del índice Michigan, aunque el estudio abarca un grupo más amplio de encuestados. El sentimiento existente entre los consumidores muestra el estado de la coyuntura económica; en épocas de desarrollo reina el optimismo mientras que la recesión viene acompañada de pesimismo, expresado a través de un nivel más bajo del indicador. Una disposición positiva entre los consumidores americanos significa una demanda creciente, mayores ingresos en la esfera de los negocios y la posibilidad de reforzar el dólar. La caída del índice encuentra su reflejo en la debilitación de la moneda americana.

Nonfarm Payrolls – al igual que el índice de desempleo muestra la condición económica del país. La subida estable de la contratación muestra una mejora en el clima económico, un aumento de los ingresos en las economías domésticas y, a la larga, del valor de las empresas. Unos valores altos del índice indican una señal positiva y pueden desembocar en la apreciación de la moneda de un país dado.

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publicado por juanjo \\ tags:

ago 07

¿Que es el ?

El se basa en el estudio minucioso de los estados contables de una empresa así como de sus expectativas futuras, planes de expansión y factores del entorno socioeconómico que puedan afectar a la marcha de la empresa. Para alcanzar una valoración sobre un valor, el analista realiza estimaciones de ventas, cash flows, beneficios y dividendos futuros. El analista fundamental fija precios objetivo basados en descuentos de cash flows futuros, niveles de , crecimientos de beneficios, comparaciones con el mercado y el sector y suma de partes de los distintos negocios (entre otros métodos) y le asigna recomendaciones de sobreponderar (si piensa que el valor se comportará mejor que el mercado), neutro (si cree que se comportará como el mercado) e infraponderar (si estima que su comportamiento será peor que el mercado).

Herramientas del

A diferencia del , las herramientas de análisis, dado el objetivo de obtener el “verdadero” valor de un título, son todos aquellos elementos que pueden afectar al valor.
En principio:

  • Estados financieros periódicos: cálculo de
  • Técnicas de valuación de empresas.
  • Previsiones económicas: análisis del entorno.
  • Información económica en general.
  • Cualquier tipo de información adicional que afecte al valor de un título.

Tipos de análisis en el

Para la determinación del valor de las empresas, existen diversos métodos que podríamos dividir en dos grupos:

Análisis Top-Down

Para este tipo de análisis se parte de una posición global, para pasar a una concreta, que es la que en definitiva acaba seleccionando la elección de valores concretos.

Así comenzará por analizar la situación económica global del momento, en primer lugar a nivel mundial, para pasar a analizar economías individuales, que nos parezcan afines a la estrategia a seguir. El siguiente paso sería la elección del sector o sectores que presenten un mayor atractivo para al fin seleccionar empresas concretas en las que invertir.

Análisis Bottom-up

Este tipo de análisis parte de la selección de atractivas oportunidades de inversión en empresas concretas, para luego analizar el sector y el entorno económico nacional y al fin global.

Actualmente y ante la globalidad de los mercados, cada vez más los inversores optan por un análisis Top-up a la hora de tomar decisiones de inversión, aunque no quiere decir que el Bottom-up no carezca de atractivo ni de seguidores. Pero lo cierto es que difícilmente un valor experimentará un recorrido alcista de larga duración cuando un sector o una economía se encuentra en recesión.

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may 12

En los mercados financieros, la clave del éxito está en saber predecir el futuro y actuar en consecuencia. Quedarse largo en una posición (comprar) si se piensa que el mercado va a subir, o deshacer posiciones o quedarse corto (vendiendo a futuro, o jugando a la baja por ejemplo) si se piensa que el mercado va a bajar. Quien consiga hacer esto, ganará mucho dinero.

Para intentar saber cómo va a estar un valor en el futuro, se distinguen tradicionalmente dos corrientes bien diferenciadas: los que siguen el análisis técnico y los que siguen el .

Los Fundamentales

Los fundamentales se basan en que el valor de una acción es el flujo descontado de los beneficios futuros de la empresa. Ni más, ni menos. Lo que intentan es determinar cuáles serán esos beneficios futuros, y para ello tratan de conocer las visicitudes de la empresa: noticias que les afecten, posibles movimientos societarios, estrategias, competidores, nuevos productos… toda la información microeconómica tiene impacto en dichos flujos futuros. Y también la macroeconómica: cómo evoluciona el entorno general de la empresa, el entorno regulatorio, el entorno político… Se trata, en definitiva, de acumular cuanta más información mejor, y de convertir esa información en cuentas de resultados previsionales que se puedan descontar para hallar el valor actualizado de la acción. En este bando se agrupan los expertos en macroeconomía, en estrategia, en economía de empresa, los financieros…

Los Técnicos

Los técnicos se basan, por el contrario, en que el valor de la acción en el futuro tiene una elevada relación con la trayectoria anterior. Así, hablan de tendencias alcistas o bajistas (y las marcan con líneas sobre los gráficos de cotización), de líneas de soporte (cotizaciones donde se cree que la acción dejará de bajar y tendrá un “rebote”), líneas de resistencia (cotizaciones en las que el valor de la acción se atascará y que le costará “romper”), de ondas de Elliot… aquí, el perfil es mucho más técnico ya que se buscan personas que sean capaces de crear complejos modelos matemáticos: físicos, estadísticos, expertos en econometría…

La lógica económica dice que el es el que tiene más sentido. Sin embargo, como me decía un experto de un grupo de inversión no hace demasiado, “los economistas solo son capaces de explicar las cosas a posteriori… y a veces ni eso”. Por el contrario, los técnicos parece que obtienen mejores resultados. En realidad, cuanta más gente crea en los análisis técnicos, más probabilidad tendrán de ser reales sus predicciones (ya que la gente actuará como si fueran reales, contribuyendo a su efectiva realización).

Las tendencias vigentes en el análisis de valores son, como no podía ser de otra forma, una mezcla de los dos. Modelos matemáticos cada vez más complejos, con necesidad de gran soporte tecnológico, en los que tienen en cuenta tanto el comportamiento anterior de la acción como la evolución del entorno. Nada, en ningún caso, sencillo. Como cualquiera podía imaginar, sabiendo la cantidad de dinero que esta en juego.

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